El sueño hace la diferencia ?


Todos hemos visto diferencias en el estado emocional, humor o funcionamiento de los niños cuando han tenido una mala noche. Es común que estén más irritables, o les cueste concentrarse, por ejemplo: cuando un pequeño o pequeña de 3 años se acuesta tarde por alguna razón esporádica, está de mal humor, le cuesta conciliar el sueño y se despierta demasiado temprano. Cuando un preescolar no se alimenta bien, su crecimiento no será el esperado. cuando se tienen hábitos de sueño, puede incrementar su talla significativamente, llegando a la media de su edad. Cuando a los bebés de 1 año se les alteran por alguna razón sus siestas, se afecta hasta su apetito y se vuelven muy irritables.  La acumulación de cansancio afecta, no solo en el estado emocional de los niños, sino en su salud, su desarrollo y su bienestar. Según estudios de la Universidad de Dalhousie en Nueva Escocia, las repercusiones de no dormir lo suficiente son visibles incluso después de 4 noches de dormir 1 hora menos de lo necesario.

Un sueño saludable es tan importante como una nutrición y ejercicio adecuados. Son necesidades vitales y herramientas básicas para su óptimo desarrollo.

Les comparto a continuación algunas de las tantas razones por las que es tan importante y necesario que nuestros niños duerman bien:

-          Durante el sueño, recuperamos energías, mentales, físicas y anímicas. Recargamos baterías para funcionar adecuadamente al día siguiente.

-          Mientras dormirnos, se regenera el sistema inmunológico, y esto ayuda a estar menos propenso a contraer enfermedades. Durante el sueño, producimos citocina, la proteína con la que el cuerpo cuenta para contraer enfermedades e infecciones. Además de esto, estas proteínas nos hacen estar somnolientos cuando estamos enfermos (con gripe por ejemplo), pues es la señal que nos da nuestro organismo de que necesitamos darnos un descanso para recuperarnos. Dormir lo suficiente hará que nuestros niños se enfermen menos.

-          En las etapas profundas de sueño se secreta la hormona de crecimiento, básico para nuestros niños en desarrollo. Los niños pasan la mitad de su tiempo de sueño en etapas de sueño profundo. Incluso, hay estudios que indican que niños con un nivel deficiente de la hormona de crecimiento duermen menos profundo que el estándar.

-          Durante el sueño eliminamos toxinas. Así en el día, podemos pensar con claridad y sentirnos mejor.

-          Dormir lo suficiente ayuda a regular el peso y evitar la obesidad desde temprana edad. Cuando no dormimos lo necesario se afecta la producción de leptina, que es la hormona que nos da la señal de saciedad al comer. Entonces, con el tiempo, los niños que no duermen lo suficiente tienen mayor riesgo de obesidad.

-          Los hábitos alimenticios también se ven afectados con la falta de sueño. Un niño que duerme mejor, tendrá mejor apetito y comerá con mayor gusto, que un niño que no duerme lo suficiente. Además, un niño que no duerme lo suficiente, sentirá necesidad de ingerir alimentos altamente calóricos o grasosos, para ganar rápidamente aquellas energías que no ha recuperado durante el sueño. Adicionalmente, estos niños tienden a tener un estilo de vida más sedentario, entonces queman menos calorías y se ejercitan menos.

-          Dormir bien ayuda a reducir el riesgo de padecer enfermedades del corazón. El cerebro de los niños que no duermen lo suficiente pasa más tiempo en un estado de alerta a la noche, lo que produce que se active la señal de “pelea o huída” muchas veces. Esto produce que sus niveles de cortisol y de glucosa estén altos a la noche. Esto está relacionado con mayores probabilidades de diabetes, obesidad y enfermedades del corazón.

-          Un sueño disminuido o poco saludable hace que los niños sean más impulsivos o torpes en sus movimientos, creando mayor riesgo de accidentes y heridas.

-          Dormir bien promueve un óptimo desarrollo cerebral. Al ver un niño o un bebé durmiendo pensamos que está solamente descansando pacíficamente. Sin embargo, la verdad es que su cerebro está en una actividad intensa. Podemos decir que aprendemos mientras dormimos. Durante el sueño se dan un sinnúmero de conexiones neuronales que ayudan a consolidar aprendizajes y las funciones cognitivas superiores, como memoria, atención, concentración, flexibilidad mental, solución de problemas, multi-tasking, creatividad, entre otras.

-          Durante el sueño se consolida la memoria. Nuestra memoria pasa de corto a largo plazo. Por eso, cuando no tenemos las horas necesarias de sueño o tenemos unas noches muy interrumpidas, nos es difícil recordar cosas durante el día y concentrarnos bien.

-          Un sueño saludable aumenta el nivel de atención de nuestros niños y contribuye positivamente a su aprendizaje. Los niños que duermen menos de 10 horas a la noche en su infancia temprana (menores de 3 años), son más propensos a tener problemas de hiperactividad, impulsividad y dificultades atencionales en la etapa escolar. Muchos niños son mal diagnosticados con Déficit de atención con o sin hiperactividad, cuando la verdadera razón de sus comportamientos y dificultades es su déficit de sueño y malos hábitos a la hora de dormir. Para que un niño pueda aprender bien, y rendir al máximo de su potencial, debe estar bien descansado. Para aprender de manera positiva, los niños necesitan que su mente y su estado emocional esté “abierto” para hacerlo. Si un niño está con las “barreras altas” no logrará aprender ni disfrutar el aprendizaje. Con estas “barreras” me refiero a un niño agotado, un niño triste, un niño irritable o malgenio, un niño con falta de atención y concentración. Aún más, en niños que sí presentan dificultades de aprendizaje, es inclusive mucho más imprescindible que tengan el sueño suficiente y de buena calidad, para que el problema no se agrave aún más.

Señales de alerta que podemos ver en nuestros niños que indican que no están durmiendo lo suficiente, son:

-          Dificultad para concentrarse, aprender, atender, recordar

-          Mayor frecuencia de rabietas, explosiones emocionales, baja tolerancia a la frustración, irritabilidad constante, mal humor, decaimiento, incluso depresión

-          Falta de apetito

-          Múltiples despertares a la noche

-          Niños que les toma mucho tiempo y esfuerzo conciliar el sueño a la noche, están muy activados o irritables a la hora de dormir, es una batalla cada noche acostarlos

-          Períodos de insomnio durante la noche

-          Niños a los que hay que despertarlos forzadamente a la mañana para asistir a sus actividades y se despiertan de mal humor, cansados aún y sin energías

-          Niños que aprovechan cualquier instante en el día para dormir, como caer rendidos dormidos apenas se suben al auto cada vez.

-          Presencia frecuente de terrores nocturnos y/o pesadillas

actividad física constante durante el día es imprescindible para un sueño saludable a la noche. Crear el ambiente adecuado en la habitación de nuestros niños para promover el sueño: cortinas oscuras, nada de objetos en la cuna, no móviles. Evitar también el consumo de alimentos altos en azúcares, cafeína, etc. que afectan el descanso de nuestros niños.

Si nosotros como adultos sentimos los efectos de una mala noche en nuestro funcionamiento en el día, los niños tienen aún una mayor necesidad de sueño. Es primordial ayudar a que nuestros hijos tengan los mejores hábitos de sueño posibles.  

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